Hoy no te paraste.
Hoy seguiste calle abajo sin el resorte de volverte. Seguiste como el
cuerpo que se orienta en el vacío, que poco a poco muere entre las
pisadas. Como una sombra de mimbre, como los cuerpos desnudos, como el
descaro del argumento malsano
Dejaste que una parte de mi rompiera, presionara mi carne, mi piel, mansamente.
Me quedé anclada en el resolte de tu mirada perdida. Los poros
disimulan afrentas acomplejadas por los divorcios mal avenidos y ni tu
ni yo, ni nadie, ni ninguno, nos atrevemos a lavarnos la cara entre los escollos, los escombros, la suerte mal aparcada.
¡Ah! Esa parte de mi se está mofando de los charcos que operan bajo mis párpados.
Se rien, se hielan, sangran, pervierten, condenan, disimulan el atrio perfil, de un testamento.
Nuestra historia se ha parado entre dos moléculas de la misma sangre.
Entre la poda del arbol en primavera, y las hojas amarillas del otoño.
Solia decir que la sangre que me riega debajo de los fajines, es la
misma o identica paradoja que aquella que define el ADN. La tuya.
¿No te das cuenta? ¿Me estoy desangrando sin poder abrazarte, ante la
poca postura directa y perfecta que me queda cada vez que estamos frente
a frente y sin respiraderos.
Seguiste, seguiste.
Si. Ni mirarnos.
